
Lagrimeo, picor, enrojecimiento… Las consecuencias de las alergias son tan múltiples y sus orígenes tan diversos que es imposible resumirlas en un post. Pero como son motivo de quebraderos de cabeza para gran parte de la población, bueno será saber, al menos, cómo podemos definirlas y cuáles son algunas de las que anualmente nos golpean con más fuerza:
¿Qué es una alergia? Seguramente que cada uno podríamos dar una definición al respecto pero, para presentar una más científica, podríamos decir que se trata de una hipersensibilidad a una particular sustancia que, si se inhala, ingiere o se toca produce unos síntomas característicos. La sustancia a la que se es alérgico se denomina “alérgeno”, y los síntomas provocados son definidos como “reacciones alérgicas”. Entre las alergias más conocidas podríamos mencionar la alergia al polen, los ácaros de polvo, los animales domésticos, ciertos alimentos o medicamentos, a las picaduras de insectos… Como podéis advertir, una gama de lo más variado a la que hay que añadir, en los últimos tiempos, nuevas variedades que hasta hace unos años eran poco comunes, pero que ahora se han multiplicado debido a la introducción en nuestra vida cotidiana de materiales que hasta hace poco no presentaban un uso tan extendido, como el níquel o el látex.
Para simplificar su organización podríamos diferenciar tres grupos básicos: alergias de interior, de exterior y urticarias. Las primeras se pueden producir durante todo el año a causa del polvo del hogar y los animales domésticos y tienen como síntomas, fundamentalmente, rinorrea y congestión nasal. Son más frecuentes entre las personas de entre diez y treinta años. Las de exterior están representadas básicamente por la temida alergia al polen, especialmente virulenta entre mayo y junio. Finalmente, las urticarias suelen ser respuestas alérgicas a alérgenos alimentarios, fármacos o alérgenos inhalados o de contacto o inyectados. Su manifestación clínica son las ronchas acompañadas de picazón.

¿Cómo acabar con las alergias? La opción más obvia es evitar entrar en contacto con los alérgenos. Pero como esto es casi imposible, antihistamínicos y corticoides, entre otras sustancias, pueden ayudarnos a combatirlas. Para ciertas alergias en concreto existen remedios “previos” y más “caseros” para evitar sufrirlas. Por ejemplo, para la alergia al polen se recomienda ducharse y cambiarse de ropa al llegar a casa porque puede haberse depositado sobre pelo y vestimenta; mantener las ventanas cerradas a primera hora de la mañana y al atardecer, los períodos de mayor polinización; cerrarlas también durante los viajes en coche… Y para la alergia a los ácaros, algunos consejos son el uso de aspiradores con filtro antiácaro, utilizar un trapo húmedo y una mascarilla que proteja boca y nariz cuando se limpia; evitar todo objeto que pueda atrapar el polvo, sobre todo en el dormitorio, como es el caso de moquetas, cortinas, alfombrillas, tapicerías de tela, objetos decorativos en la pared, tapetes, cuadros y libros…
Hay diversas páginas que pueden ayudarnos a diagnosticar nuestro tipo de alergia. Si bien siempre se necesita acudir a un especialista, pueden proporcionarnos las primeras pistas. Soyalergico.com, por ejemplo, incluye un test de síntomas de alergias y hasta podemos descargarnos una aplicación en la que conocer a diarios los niveles de alérgenos que se acumulan en nuestra ciudad.
Claro que quizáis vosotros seáis de aquellos a los que, más que las picaduras de insectos, los ácaros o el polen os dan alergia cosas como los lunes por la mañana, la hipocresía o el tráfico por Madrid en hora punta. En ese caso os recomendamos “Lo que me da alergia”, una página en la que podréis crear y hasta personalizar vuestra tirria a aquellas cosas de la vida cotidiana que no soportáis.
Fotos vía Cocina vegetariana, Mensencia
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Muy bueno el artitulo.
Comentario por EnriqueRecomiendo la lectura de mi blog para la mejora de los sintomas alergicos.
04-05-2012 @ 11:46 am