El verdadero autor del teorema de Pitágoras

Pitagoras

Suena extraño, es verdad, pero es una realidad histórica. El famosísimo teorema de Pitágoras fue aplicado diez siglos antes de que nazca el célebre matemático y filósofo griego, puntualmente en Babilonia y en la India. Ahora bien: ¿por qué entonces lleva el nombre de Pitágoras?.

En el 520 a.c aproximadamente, por cuestiones políticas, Pitágoras, tuvo que emigrar hacia Crotona, donde fundó la Hermandad Pitagórica, su segunda escuela, allí, por ejemplo, nació la palabra Filosofía, que significa Amor a la sabiduría. Ninguno de los miembros de la hermandad podía hablar sobre los logros matemáticos con alguien que no perteneciera al círculo pitagórico. Romper ese acuerdo significaba la muerte. El carácter secreto de la hermandad fue uno de los principales motivos por el cual hoy se conoce muy poco sobre el desarrollo del pensamiento pitagórico.

La Hermandad, no es un dato menor, encontró la demostración final del teorema y su converso, es decir: si los lados de un triángulo respetan la ecuación, entonces el triángulo es rectángulo. En Babilonia, Egipto e India se utilizaban las matemáticas por su aspecto práctico, se pasaban los cálculos de generación en generación sin cuestionarse porqué funcionaban. Pitágoras quería entender lo números, no sólo utilizarlos. Fue el primer pensador que intentó conciliar matemática con filosofía, uno de los mayores aportes realizados a la historia occidental. Por tal motivo, el teorema lleva su nombre. Y muy merecidamente.

Hay un enorme caudal de curiosidades alrededor de Pitágoras, los historiadores lo describen como un pensador muy particular y excéntrico. Por ejemplo, para mantenerse dentro de la Hermandad había que cumplir estrictos preceptos: para calzarse había que comenzar siempre por el pie derecho; no se podía revolver el fuego con un cuchillo; ni mirarse al espejo con una lámpara; ni darse vuelta al caminar; ni usar anillo; ni dejarse poseer por una risa incontenible. Y bajo ningún punto de vista se podía comer habas ni laurel. Pitágoras aseguraba que eran plantas donde se reencarnaban las almas de sus amigos.

La transmigración de las almas es un punto central en la filosofía pitagórica, según sus postulados el alma es inmortal y se va fundiendo de un cuerpo en otro. Cuenta el filósofo y poeta Jenófanes que una tarde Pitágoras paseaba por las calles de Crotona cuando se topó con un perro que estaba siendo apaleado severamente por su dueño. “Cesad de castigarlo inmediatamente, porque es el alma de un amigo mío, que he reconocido al sentirlo llorar”, pronunció ante la sorpresa de todos los allí presentes.

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