El origen de las lentes para ver mejor

Lentes antiguas

La creencia general es que las lentes para mejorar la visión fueron inventadas en Italia durante el siglo XIII y que el telescopio fue una idea de Hans Lippeshey, perfeccionada en 1609 por Galileo. Pero existen pruebas que nos hablan sobre el uso de estos artefactos muchos siglos antes de Cristo. La primera referencia escrita la encontramos de mano de Aristófanes, que narraba en su libro “Las Nubes” (424 a.C.) como Strepsiades usaba una lente para concentrar los rayos del sol, y así poder borrar la anotación de una deuda grabada sobre una plancha de cera. Ptolomeo, que vivió entre los años 100 y 170 a.C., redactó una completa obra sobre las propiedades de espejos y lentes cuando se les daba formas determinadas, cóncavas y convexas.

Resultaría extraño explicar como Demócrito pudo describir la Luna como “un lugar con montañas, igual que la tierra”, así como afirmar que la Vía Láctea es un inmenso conglomerado de estrellas, si no contaba con algún tipo de instrumento, por rudimentario que pudiera ser. Según nos relató Séneca, los babilonios ya conocieran la existencia de los cuatro satélites mayores de Júpiter, además del anillo de Saturno (al que llamaban Nirrosch). Nos cuenta que para observar objetos distantes, usaban esferas de vidrio rellenas de agua.

Existe un curioso objeto conocido como la lente de “Layard” o de “Nínive“, una pieza tallada y pulida de cristal de cuarzo con forma plano-convexal, del mismo tamaño que el cristal de unas gafas actuales y con muescas de 45º en el borde, quizá para adaptarlos a una montura. Esta lente, diseñada para corregir un cierto tipo de astigmatismo, se exhibe actualmente en el Museo Británico, en la sección de antigüedades de Asia occidental y data nada menos que del siglo VII a.C. Fue encontrada en el palacio de la antigua capital asiria de Nimrud, y se piensa que debió pertenecer a Sargón II.

Yendo mucho más atrás en la historia, nos encontramos con las 48 lentes pulidas que rescató Heinrich Schliemann de las excavaciones arqueológicas de Troya (en la actual Turquía), todas ellas fabricadas aproximadamente en el siglo XIV a.C. Incluso una de ellas presentaba un orificio en el centro para que el artesano pudiera introducir sus instrumentos, pudiendo trabajar así de manera más precisa.

Aunque, sin duda, la palma se la llevan las encontradas en diversas ruinas de Guatemala y México pertenecientes a los olmecas, cuya civilización se desarrolló allá por el 2500 a.C.

Aunque hoy en día no sabemos como o por qué se produjo un declive tecnológico en las civilizaciones antiguas, propiciando el olvido de estos y otros muchos artefactos,  si que estamos en posición de afirmar que, muchas de las cosas que creemos haber inventado, ya existían hace mucho tiempo.

Como se suele decir, “las ideas nuevas no son más que ideas viejas puestas en otro lugar”.

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