La agitada vida del número Cero

Cero

Hoy en día tomamos como algo totalmente normal que exista la cifra “cero”, aunque su invención fuese más reciente que la de los demás números. La ciencia de hoy no sería lo mismo sin este número, y quien sabe cuantas cosas cotidianas serían diferentes sin él, aparte claro está, de todos los teclados, calendarios y otros artilugios que lo necesiten.

La cifra cero nació en la antigua Babilonia, aproximadamente entre los siglos II y III, y mientras que sus números hermanos eran representados con espigas verticales y horizontales, el cero se escribía como una doble espiga inclinada. En sus comienzos se trataba de un símbolo para separar unos números de otros, pero luego se empezó a utilizar para representar fracciones, sin llegar todavía a utilizarse como número.

En la otra cara del mundo, los astrónomos del Imperio Maya crearon un sistema de representación de números basado en el 20, y en el cual se escribían las cifras en grupos de puntos y trazos, quedando expuestos de forma vertical. En él se utilizaba un óvalo colocado de forma horizontal para separar unas cifras de otras, mejorando la interpretación de series y cadenas de números. En este caso, el cero, tampoco tenía un valor numérico concreto.

Y son los hindúes quienes por primera vez hacen uso del cero en todas sus posibilidades, aproximadamente en el siglo V. Bajo el nombre sánscrito de Sunya, el cero se representaba bajo la forma de un círculo y servía para definir el vacío, la nada.

Su nombre proviene de varias traducciones sucesivas: Sunya (sánscrito), Sifr (árabe), Zephirum (latín) y de aquí a Zephiro y Cero. Debido a su invención “reciente”, muchas culturas hicieron uso de la nomenclatura sánscrita y sus traducciones, por lo que su nombre resulta tan similar en muchos casos.

Aunque parezca un asunto simple hoy en día, la idea de representar la nada mediante algo (un símbolo), fue todo un adelanto en nuestra forma de pensar, dándonos la posibilidad de poder decir que “hay cero”, en lugar de decir que “no hay nada” o simplemente “no hay”. Quien sabe lo que sería del mundo de las matemáticas hoy en día si no existiera este representante de la “nada”.

Foto vía:  matema-tic

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