El origen e historia de las Fallas de Valencia

crema de la falla infantil del ayuntamiento

Las Fallas de Valencia tienen su pasado incierto y sus diferentes versiones de un origen anclado a medio camino entre antiguas historias gremiales y leyendas populares que, con el paso de los años, han dibujado lo que hoy es: uno de los festejos más populares de España. Y es que cada 19 de marzo se celebra en Valencia la popular “Cremá“, el día en que todos los espectaculares monumentos artísticos que se han levantado en las calles de la ciudad serán purificados por el fuego.

Pero para llegar a este mágico momento, Valencia ha tenido que vivir otros muchos mágicos momentos, y no solo en estas fiestas, sino a lo largo de su Historia, desde aquel día en que alguien, por primera vez, prendió una hoguera en la calle, fuera ritual o no. Las diversas teorías del origen de esta fiesta apunta en dos direcciones.

La primera de ellas y quizás la más creíble, aunque no exista constancia escrita de ello, es la de que sus comienzos tienen sus cimientos en el Gremio de Carpinteros de la ciudad del cual San José es su patrón. Antiguamente, en la víspera del día de su santo patrón, el 19 de marzo, los carpinteros quemaban frente a sus talleres todo aquello que no servía fueran maderas o trastos viejos. Para ello montaban unas estructuras, a las que denominaban “parots” donde amontonaban esos materiales y donde en su final colgaban unos candiles.

En la segunda de las teorías, los orígenes se remontan a mucho más atrás, a la época de la Edad Media, una etapa de la Historia mucho más dada a los rituales, las costumbres y las artes mágicas. En aquella época el fuego formaba parte de mucho de los rituales de purificación del espíritu y el cuerpo, y en este sentido las Fallas no serían sino una derivación de aquellas artes.

Realmente las primeras pruebas escritas que existen de las Fallas datan del siglo XVIII, y en particular del año 1740 cuando se mencionaba la presencia de hogueras en las calles y de ninots muy cercanos a lo que hoy día se quema, con ese particular estilo burlesco e irónico de diferentes aspectos de la vida diaria. Por aquel entonces, esas hogueras se basaban en montones de trastos viejos o materiales que los propios vecinos de la calle juntaban y que coronaban con un muñeco que vestían de ropas viejas.

La creatividad con la que cuentan hoy día todas estas esculturas tienen su origen en la creación de premios con las que se reconocían a los mejores ninots. Fue a finales del siglo XIX, en el año 1895 cuando se entregó un premio por primera vez, y en 1901 cuando se oficializó gracias a la concesión de reconocimientos por parte del Ayuntamiento de la ciudad.

Hoy las Fallas han evolucionado hasta tal punto que el espectáculo de las fiestas no está ya solo en las calles ni en los ninots que se queman (aunque ésto sea el corazón del festejo). Hoy las fallas se acompañan de diversiones de todo tipo que han dado lugar a otros momentos también muy típicos en el transcurso anual de la fiesta.

Así, el comienzo fallero da lugar con la “Plantá“, entre el 15 y 16 de marzo de cada año, cuando comienzan a construirse las esculturas tanto infantiles como adultas.

La “Despertá” es ese atronador momentos en que los falleros de las comisiones recorren de madrugada las calles valencianas lanzando petardos para anunciar las fiestas.

La “Ofrenda” es el momento más sentido y especial para una buena parte de los valencianos, momento en que el fervor y la religiosidad se hace patente con los presentes a la Virgen de los Desamparados.

El 17 y el 18 son días de recorrer las calles visitando las diferentes esculturas y monumentos creados, y de disfrutar de la “mascletá” donde la pólvora corre a raudales y de los castillos de fuegos artificiales, momento que culminan en la noche del 18 al 19 de marzo con la “Nit del Foc“.

Y, finalmente, el momento culminante, llega hacia las 10 de la noche del 19 de marzo, día de San José, cuando se da comienzo a la gran “Cremá“, cuando los sueños y las peticiones de los valencianos se queman con sus ninots. El rojo y el amarillo purificador del fuego es entonces el ilustre protagonista de la noche más querida valenciana.

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Foto de Manuel Molinés vía: ilovecostablanca

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