Las formas mas absurdas de fallecer

Muerte Ridicula

El ser humano tiene una cualidad de la que carecen los demás seres vivos del planeta, que es consciente de que su vida tendrá un fin, tan inevitable como imprevisible. Y de hecho, tan imprevisible es que en muchos casos, personas que quizá tenían planes de “pasar a mejor vida” de una forma digna, han terminado por hacerlo en condiciones que, si no se tratase de algo tan serio, sería motivo de carcajada general (como en el caso de los Premios Darwin).

Nos encontramos así con casos como el de Allan Pinkerton, un detective privado que vivía de las indiscreciones ajenas y que falleció al infectarse una herida provocada por morderse sin querer la lengua, en un pequeño tropezón en la calle. O el del audaz Bobby Leach, quien sobrevivió a diversos retos a lo largo de su vida, como por ejemplo tirarse por las cataratas del Niágara dentro de una cápsula, y que tras resbalar con una cáscara de naranja por la calle precisó de la amputación de una pierna, falleciendo por complicaciones de la cirugía.

Hoy nos vamos a centrar en algunos personajes que, con todo el respeto, se ganaron a pulso el figurar en la lista de las formas más tontas de pasar a mejor vida:

Hans Steininger pasará a la fama por haber sido la víctima fatal de su propia barba, que ostentaba el título de ser la más larga del mundo. Durante un incendio ocurrido en 1567, Hans echó a correr para salvar su vida, con tan mala suerte que pisó su propia barba y cayó al suelo rompiéndose el cuello en la caída.

Adolfo de Suecia era un gran aficionado a las comidas copiosas, y tal era su pasión que esta fue su sentencia. El monarca sufrió un severo colapso gástrico tras ingerir una cena a base de langosta, chucrut, caviar, ciervo ahumado, sopa de repollo y nada menos que 14 platos de postre de mazapán y leche.

-El insigne dramaturgo, filósofo y escritor Francis Bacon se encontraba una tarde contemplando una tormenta de nieve, y se le ocurrió que quizá el hielo pudiese conservar los alimentos de la misma forma que la sal. Decidido a comprobarlo, abandonó su casa y se fue a comprar un pollo, tras matarlo, esperó pacientemente fuera de su hogar para ver como el animal se congelaba. No sólo no se congeló el pobre pollo, sino que Bacon falleció poco después a causa de una pulmonía contraída en su experimento.

-Al contrario que en los casos anteriores, el fallecimiento del monje loco Rasputín fue absurdo pero no por las circunstancias en sí, sino por el hecho de que tras ser envenenado, disparado por la espalda, brutalmente apaleado y lanzado a al río, terminó por ahogarse en las gélidas aguas del Neva.

Foto vía: twitrcovers

Tags:

Imprimir este artículo


Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Top