La historia de la cerveza

Cerveza

La cerveza es,  junto con el vino, una de las bebidas más populares del mundo y que muchos de nosotros relacionamos directamente con países como Alemania y Bélgica. Pero su origen no puede estar más lejos, tanto en el espacio como en el tiempo. Hasta la fecha se han encontrado pruebas de la elaboración de cerveza hace unos 6 milenios por parte de los babilonios, en la zona circundante de los ríos Tigris y Eufrates. La industria cervecera, tal y como la conocemos hoy comenzó su andadura en el siglo XIX, pero los métodos y el producto en sí van más allá de lo que saben los historiadores.

Posteriormente los sumerios y los egipcios heredaron la tradición, siendo las pruebas de esta fabricación de hace entre 4.000 y 5.000 años. Estas cervezas eran mucho más densas que las que fabricamos en al actualidad, y seguramente con un valor alimenticio mucho mayor. La receta de cerveza más antigua que se ha encontrado data del siglo III y es conocida como el Papiro de Zósimo de Panópolis, en la que se muestra como se realizaba esta bebida a base de pan de cebada poco cocinado, y que se dejaba en agua para que fermentase.

Otro pueblo que apreciaba mucho la cerveza eran los celtas, que extendieron su tradición por todos los lugares que colonizaron, dejando este conocimiento en la Península Ibérica, donde sus habitantes pronto desarrollarían sus propias técnicas. Con la llegada del Imperio Romano surge una importante división en la fabricación de bebidas, ya que éstos apoyaban al vino, así que en las regiones de mediterráneo era más frecuente la elaboración de vino, quedando la cerveza como tradición para lo pueblos del norte de Europa.

El uso del lúpulo fue un importante avance para la cerveza, ya que aparte de conferirle ese sabor amargo tan característico, también ayuda a su mejor conservación en el tiempo. A principios del siglo XVI el duqeu Guillermo IV de Baviera redacta la primera ley sobre la cerveza, dando las instrucciones sobre la forma y los ingredientes que se deben emplear en una cerveza de calidad, o al menos lo que él consideraba una cerveza de calidad.

Cuando Carlos I es nombrado emperador de España y Alemania, trae del país germano a algunos de los mejores maestros cerveceros, pero la idea no cuajó debido a que la cerveza no se puede conservar en un entorno cálido. Pero con la llegada de la revolución industrial en el siglo XIX y la invención de sistemas de refrigeración, ya se podía disponer de cerveza durante todo el año (y no por temporadas como hasta entonces).

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