Genie, un experimento prohibido

Genie

Las afortunadamente escasas ocasiones en que se han dado casos de niños que, por reclusión o exclusión social, dieron como resultado personas incapaces de comunicarse normalmente con los demás, han dado a los científicos la oportunidad de estudiar un aspecto fundamental en nosotros: la importancia de la vida social en nuestro desarrollo cerebral.

También inducen a buscar nuevas respuestas para la pregunta ¿Qué es lo que nos hace humanos? Los casos de Genie, la injustamente llamada “niña salvaje” y Víctor (el niño de Aveyron), ha llevado a la comunidad científica a preguntarse si existe una edad límite (llamado periodo crítico)  para el desarrollo del lenguaje, tras la cual éste se convierte en una meta difícilmente alcanzable para el afectado.

El día 4 de Noviembre de 1970, el servicio de asistencia social de Los Ángeles se topa con una terrible escena familiar, la de unos padres que habían mantenido a su hija de apenas 13 años y siete meses, confinada y aislada en una habitación durante toda su vida. La niña presentaba un cuadro grave de malnutrición y desarrollo físico, además de que no tenía ni los más mínimos rudimentos del lenguaje. Mientras que su madre se desentendía de la pequeña, su padre había tratado de matarla en una ocasión, pero decidió encerrarla de por vida y ocultarla a los demás.

Sus padres pensaban que Genie (como la bautizaron los médicos) sufría de retraso mental debido a los problemas que tuvo en sus primeros años de vida para aprender, y la causa posiblemente fuera la incompatibilidad del RH de ambos. De cualquier manera, relegaron cruelmente a su hija a una vida de total aislamiento del mundo exterior y maltrato físico y psicológico. Cuando la policía hizo su aparición en la casa para hacerse cargo de la custodia de la niña, el padre se suicidó de un disparo en la cabeza, alegando en su nota de suicidio que nadie entendería sus motivos.

Sus primeros días en el hospital dieron a los médicos una idea de la gravedad de su situación. Genie estaba desnutrida, apenas podía caminar o moverse normalmente por falta de desarrollo muscular y le costaba enfocar objetos situados a más de tres metros, debido a que nunca en su vida había visto más allá de las paredes de su habitación. Además, evitaba en todo momento producir el más leve sonido, ya que sus padres la castigaban cada vez que hacía ruido. Aunque Genie tenía mucho que aprender, lo que más tiempo y esfuerzo le llevó fue aquello que nosotros tenemos asumido como algo casi natural, el comunicarse con los demás mediante el habla. Por su parte, los científicos también deberían determinar si los daños cerebrales debidos a la malnutrición podrían impedir a Genie aprender a hablar.

En los primeros meses de aprendizaje, Genie usaba el lenguaje gestual, inventando sobre la marcha sus propias expresiones y tuvo que pasar un año hasta que empezó a reaccionar al lenguaje de los médicos. En 1972 ya era capaz de utilizar algunas palabras para exteriorizar sus emociones y recuerdos, pero su capacidad era equivalente a la de un niño de 4 años de edad. Fue la propia Genie, mediante su rudimentario lenguaje, la que describió parte de los acontecimientos que vivió con sus padres, dando información a la policía que su propia madre no había revelado.

Pese a los esfuerzos de los médicos, no se pudo determinar si realmente existe una edad límite para aprender el lenguaje hablado. La hipótesis más extendida dice que esta edad está entre los 2 años y la llegada de la pubertad, y que pese a nuestra predisposición, es imprescindible la interacción con otras personas, la vida social. La vida en el hospital de Genie terminó cuando su madre denunció a los médicos por sus investigaciones, y todas las subvenciones fueron retiradas. Tristemente, pasó por seis adopciones y terminó por ser ingresada en un centro de California, donde se cuida a personas adultas con problemas cognitivos y trastornos mentales.

Afortunadamente sólo se han dado hasta la fecha dos casos así, el de Genie y el de Víctor, y debido a que se necesitaría aislar desde pequeño a un niño para repetir las condiciones y estudiarlo, este caso es conocido también como el “experimento prohibido“.

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