Los hornos microondas: su origen

Es viernes a la noche y planeas, junto a tu novio/a –o amigos o familia- mirar en la tranquilidad del living de tu casa algún estreno cinematográfico, junto a otra compañía infaltable: las palomitas de maíz. Bien, entonces ya sabes: sólo tienes que ir a la cocina, sacar de la alacena el sobre con popcorns y cocinarlos en el microondas. ¡Plops y plafs al por mayor y listo! Ya puedes ir a disfrutar de la película en compañía de tus pororós recién hechos.

Es cierto que en estas últimas décadas la vida se nos ha simplificado en varios aspectos –aunque en otros, se haya dificultado, claro-. Cuánto más sencillo es ahora hacerse popcorn para ver la televisión, calentar una taza de leche o incluso cocinarse algo: todo gracias al horno de microondas.

Este nuevo “aliado” moderno surgió allí por 1945 cuando un ingeniero y científico norteamericano, Percy Spencer, en una de sus investigaciones para la empresa fabricante de radares para la cual trabajaba, Raytheon, descubrió que el magnetrón, un generador de altas frecuencias, había hecho que el chocolate que llevaba en uno de sus bolsillos se derritiera completamente al haber estado cerca de él.

Ante la extrañeza del hecho, se le ocurrió también ir a buscar unos cuantos granos de maíz para ponerlos al lado del magnetrón y ver qué sucedía: al poco tiempo tenía palomitas de maíz. Spencer había descubierto, sin proponérselo, la semilla de una nueva forma de cocción de los alimentos: el horno de microondas.

Lo que sucedía era sencillo: este tipo de ondas electromagnéticas en forma de microondas de baja intensidad provocaban cierto tipo de reacciones que resultaban en una suba de temperatura. A este punto debemos aclarar un poco qué son las microondas, pues no son más que ondas electromagnéticas de la misma naturaleza que la luz visible, las ondas de radio y los rayos X. Lo que las diferencia y hace ser lo que son, no es más que su distinta frecuencia o longitud de onda.

Volviendo al derrotero que siguió este “artefacto” hasta nuestros días, sucedió que Raytheon se interesó en este nuevo descubrimiento y, tras algunos estudios y perfeccionamientos pertinentes, lo patentaron un año más tarde.

Para la década del 50 salieron los primeros “microondas”, denominado Radarange, aunque con dimensiones bastante poco confortables: estas primeras versiones llegaban a medir casi 2 metros y pesaban más de 300 kilos y costaban ¡5 mil dólares!, por eso, en ese primer momento sólo fueron adquiridos y usados por restaurantes, hoteles o industrias.

Recién en los 70 la tecnología avanzó bastante como para hacer una versión más pequeña y accesible para todos: para 1975, ya había cerca de 1 millón de microondas en el mercado.

Y así, como en la mayoría de los grandes descubrimientos, de manera no buscada, llegó a nuestros días los hornos de microondas.

Piiinnnn. Sonó la alarma, la cocción ha terminado.

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4 comentarios

  1. Sool dice:

    Miren, me parece lindo, todo, pero no necesito, ni me sirve esto

  2. coniwis dice:

    no tiene niguna wea aqui :(

  3. faty scream dice:

    o…gracias…me sirvio muchisimo

  4. Samysam dice:

    Me sirvio mucho! gracias (;

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