Curiosidades sobre los eclipses de luna

Luna roja

Ver un eclipse lunar –como la luna misma- es un acontecimiento celeste que ejerce una gran atracción, uno se da cuenta (despierta un poco tal vez de tanta rutina y ceguera cotidiana) de lo maravilloso del lugar en el que estamos y de todo lo que nos rodea: algo tan básico pero esencial como el cielo con sus innumerables estrellas y ese satélite viajero que se traslada, una y otra vez, alrededor de la Tierra.

Los eclipses, y en este caso, los lunares han sido siempre objeto de creencias y hasta de mitos, de historias ideadas a su alrededor, muchas culturas antiguas les han atribuido causas fantásticas y hasta consecuencias nefastas (como ha sido con los astros mismos: desde los relatos mitológicos hasta la astrología, a los planetas siempre se los ha rodeado de deidades, se les a imputado características especiales y responsabilizado de influencias sobre la tierra y sus habitantes).

Hay una multitud de curiosidades históricas sobre los enigmáticos eclipses lunares que se podrían nombrar: en varias culturas se los consideraba algo así como castigos divinos y se creía que eran presagio de otras catástrofes, pestes y hambrunas.

Tal fue el caso de los milenarios chinos quiénes asociaban la tonalidad rojiza que adquiere la luna –la cual se produce, sencillamente, por la luz solar refractada por la atmósfera terrestre- con un acto de depredación: creían que era un dragón celestial que se comía la luna.

De hecho, en este país oriental eclipse se dice “chih” que significa comer. Por aquellos tiempos, en las noches de luna llena en que se producía un eclipse, la gente solía salir a la calle con sus instrumentos de labranza e incluso lanzas tratando de ahuyentar al “lanzafuego” mitológico de las alturas para que dejara en paz a los astros.

También los aztecas, aunque conociesen la verdadera causa astronómica de estos hechos estelares, los representaban, curiosamente, como un dragón que se comía a la Luna.

Luna sobre la Tierra

Y si nos retrotraemos al Antiguo Egipto, encontramos que se consideraba a los eclipses como manifestaciones de una pelea eterna: Set y Horus –sempiternos rivales- confrontaban en el cielo. Set (representación del mal) arrancaba un ojo de Horus (que podía ser indistintamente el Sol o la Luna, según se tratase de eclipse solar o lunar) y se lo tragaba. Recién gracias a la intervención divina de Ra, dios supremo y omnipotente, se lograba poner fin al problema y se le devolvía el ojo a Horus –es decir, volvía la luz solar o la luna volvía a ser redonda y plateada como en cualquier noche de plenilunio-.

Y no sólo hay historias entretejidas alrededor de los eclipses, sino que incluso existen varios hechos históricos reales que se vieron modificados por su causa. Por ejemplo, en el siglo III a. C., Alejandro Magno se vio beneficiado por un eclipse lunar: este suceso astronómico hizo dar marcha atrás a los Persas en lo que fue la Batalla de Arbela.

Algo similar sucedió en el año 172 a. C., cuando el romano Gaius Sulpicius Gallus predijo un eclipse lunar justo antes de la Batalla de Pidna: al hacerlo, avisó a los soldados romanos y los ayudó a ganar la contienda, ya que al conocer lo que sucedía no huyeron espantados del campo de batalla.

Ya en el siglo XVI d. C. un conquistador español (muy renombrado, por cierto) llamado Cristóbal Colón hizo uso de un eclipse lunar estando varado junto a sus hombres en la Isla de Jamaica. Él sabía que en la noche del 29 de febrero de 1504 se produciría un eclipse de luna, entonces se dirigió a la autoridad del pueblo y logró lo que necesitaba para retomar su viaje diciéndole que el Señor de los Cielos estaba enojado con ellos por sus hostilidades y que en castigo les sacaría la Luna.

Como se ve los eclipses de luna han producido –sin quererlo, supongo- una multitud y variedad muy interesante de creencias populares, avenencias y giros históricos importantes.

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1 comentario

  1. luis dice:

    me ayudo mucho pa mi expocision de los eclipses como leyendas

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