Cafeterias de gatos

En Japón un tercio de sus habitantes vive sólo. Al parecer el sentimiento de soledad, tan presente en este mundo, está mucho más afianzado en “el país del sol naciente”. Muchos buscan entonces llenar sus horas con la compañía de alguna mascota. Sin embargo, son varios los edificios donde no permiten tener animales, por lo que, para estos casos, se ha encontrado una solución alternativa. Y de paso, un buen negocio. Se trata de las cafeterías de gatos.

Estas cafeterías son locales donde cualquiera que no tenga mascotas y que quiera pasar un tiempo en compañía de los amigos felinos, puede acercarse y compartir unas horas tomando algo, leyendo el diario y acariciando la panza de los muchos gatitos que trabajan en esos locales. Y todo por un poco más de tres euros la media hora: ¡una verdadera oferta!

Sólo se deben tomar algunas precauciones para resguardar la salud de los principales trabajadores: los gatos. Cada cliente deberá, antes de entregarse a una orgía de caricias felinas, lavarse con un jabón especial y luego con alcohol, y evitar llevar sus propios gatos al local.

Existen docenas de estas cafeterías de gatos en Tokio, que son visitados por todo tipo de público. Desde abuelos olvidados que buscan un poco de cariño en las caricias de un animal, hasta empresarios embadurnados de estrés que distraen un poco sus tensiones al mediodía en los vientres felinos, para luego volver a la rutina de tiempos cortos, números veloces y palabras efectivas.

El negocio de las mascotas es uno de los más prominentes, no sólo en Japón, sino en el resto del mundo. Cada año surgen nuevas atracciones para los animales, que tanto disfrutan sus dueños. Hace unos años, a una mascota se la conformaba con un hueso o un ovillo de lana.

Hoy tienen huesos de todas formas, colores, marcas y sabores, juguetes especiales para ellos según raza o edad, servicios de lavado y peluquería, manicuros, estilistas y hasta psicólogos. No faltará el día en que lleguen a existir los cirujanos plásticos especialistas en mascotas, dispuestos a retocar barbillas, a afinar hocicos, a estilizar orejas, a liposuccionar barrigas.

Sólo habrá que saber escuchar el pedido del animalito. Pero para eso estará su dueño.

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