El hombre más alto del mundo

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Esta semana Sultan Kosen se ha convertido, oficialmente, en el hombre más alto del mundo con sus 2,47 metros y 26 años a sus espaldas. Sin embargo, para este turco de nacimiento su récord no le ha reportado más que inconvenientes y desgracias en su corta vida, obivamente ligadas a su descomunal tamaño. Y es que este nuevo recordman no sólo ha entrado en el Guinness por ser el hombre más alto del mundo, sino también por poseer las manos y pies más grandes.

Lejos de lo que pueda pensarse no es baloncestista, no, y eso que bien que lo intentaron los cazatalentos que suelen andar por el mundo a la búsqueda de nuevos talentos que den renombre a sus equipos. Sultan Kosen, con sus 2,47 metros sólo tiene que levantar el brazo para tocar el aro sin problema alguno.

Fue en el año 2003 cuando el cazatalentos del Galatasaray turco, Cavit Altunay, oyó de un joven de 20 años que vivía en una pequeña aldea de Turquía, Kiziltepe, y que medía por aquel entonces 2,42 metros (era el tercer hombre más alto del mundo en 2003). Poco tardó en dirigirse al lugar y convencer a sus padre de que conseguiría hacer del muchacho una figura mundial reconocida internacionalmente. Quizás para el propio entrenador era su ocasión de hacerse también él conocido como el descubridor de una nueva «perla».

Pero Sultan Kosen no sólo tenía que luchar con su total desconocimiento de las reglas del basket, al que jamás había jugado, sino con su propio físico. Su crecimiento era descontrolado, y difícilmente podía caminar erguido.

Le hicieron reconocimientos médicos, pruebas de todas clases, y los médicos del equipo dictaminaron que podrían recuperarlo para que jugara y convertirlo así en el orgullo de la selección nacional turca. La ambición, probablemente, les pudo. Poco les duró la alegría, pues con el paso de los meses y el continuo crecimiento del chaval se dieron cuenta de que físicamente, la tarea era imposible.

Sultan Kosen tuvo que abandonar el baloncesto antes siquiera de haber aprendido cómo se jugaba.

Hoy, seis años después, y con 5 centímetros más de altura, Sultan Kose ha de caminar continuamente con muletas y su regresión es cada vez peor.

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