Mujeres en la Historia de la Ciencia

Maria Mitchell

Maria Mitchell

Los machitos de cada barrio suelen defender sus argumentos respecto a la presunta inferioridad femenina de la siguiente manera: «Ábranse manuales de arte, de ciencia o de filosofía, ¿con cuántas mujeres nos toparemos? Evidentemente con muy pocas». No hay que ser un lumbrera para comprender que las razones indican, más bien, las difíciles circunstancias sociales que la mujer ha tenido que ir superando a lo largo de los tiempos que una incapacidad natural para los campos del pensamiento y la creación.

Por eso vamos a realizar un repaso somero de aquellas hembras que sí pudieron estampar su firma de oro en el exclusivo libro de la historia, en este caso de la historia de la ciencia, homenajeando así a la gran mayoría de mujeres que por el contrario debieron aceptar el destino impuesto de recatada hija, sumisa esposa y penitente madre, siempre a la sombra ya del padre, del esposo o de los hijos.

Porque ya desde épocas tan lejanas como el siglo XII antes de nuestra era, con Agamede dedicándose a la medicina, tenemos noticias de mujeres destacando en el ámbito científico. Sabemos que el genio de Grecia condenaba sin embargo a la mujer a una subsidiaria, pero en los estertores del mundo grecorromano floreció la astrónoma y matemática Hipatia, cuya figura ha sido recordada en nuestros días gracias a las pantallas cinematográficas. Hipatia, que era además consumada inventora de artilugios científicos, fue también uno de los primeros mártires de la ciencia, sufriendo en carne propia la intolerancia de la masa poseída por un funesto furor religioso.

A decir verdad, la relación entre las mujeres y la astronomía, más allá del caso de Hipatia, resulta significativa. Lo ha señalado Sánchez Ron en su obra Ciencia y poder. Si a finales del XVII un porcentaje no desdeñable de astrónomos alemanes eran mujeres, un siglo más tarde el célebre astrónomo William Herschel recibió la ayuda constante e impagable de su hermana Caroline, a la que le corresponde por derecho propio el descubrimiento de varios cometas. Otra astrónoma famosa fue Maria Mitchell (1818-1889), la primera mujer miembro de la Asociación Americana para el Avance de las Ciencias.

Fuera de la astronomía, no menos relevante resulta el caso de las Curie. La madre, Marie Curie (1867-1934), nacida en Varsovia, fue la primera mujer en lograr el Premio Nobel (de Física) en 1903. Cuando en 1911 se le concedió el de Química, se convirtió asimismo en la primera persona en recibir dos. Por su parte, su hija Irene también fue galardonada con el Premio Nobel de Química en 1935.

La serie de mujeres científicas no se agota tan prontamente. A modo de simple enumeración, recordemos algunas pocas más:

Aglaonike y Agánice: matemáticas (Antigüedad); María la Judía, alquimia y química (siglo II); Marie Colinet, medicina (siglo XVI); Elisabeth Korpmann, astronomía (s. XVII); Maria Gaetana Agnesi, matemáticas, (XVIII); Emilie du Chatelet, física y filósofa (XVIII); Sophie Germain, matemáticas (XVIII-XIX); Mary Sommerville, botánica (XVIII-XIX); Ada Byron Lovelace, matemáticas (XIX); Cornelia Clapp, zoología (XIX-XX); Henrieta S. Leavitt, astronomía (XIX-XX); Margaret Mead, antropología (XX); Anna Freud, psicoanálisis (XX), etc

Print Friendly, PDF & Email

Tags:





Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Top