De la hipnosis al psicoanálisis

Charcot en clase

Por lo tanto, ¿podría llegar la hipnosis allí donde no se llega con la medicina moderna? Ésta es, en el fondo, la cuestión. Por otra parte, llama la atención lo siguiente: la medicina seria parece haber aceptado los principios del hipnotismo pero sin reconocerlo públicamente. ¿Acaso los placebos son otra cosa que sugestión, tal la hipnosis?

La definíamos como sueño inducido. Es muy interesante esbozar la historia moderna de la hipnosis en los ámbitos profesionales, y su papel en la génesis del psicoanálisis. Eso nos lleva hasta el otoño de 1885, cuando un vienés de 29 años llamado Sigmund (aunque bautizado Sigismund) visitaba París gracias a una beca.

El hipnotismo era estudiado y aceptado como técnica terapéutica en la escuela de la Salpêtrière. Allí investigaba y daba sus clases magistrales un gran hombre capaz de impresionar de modo imperecedero al joven Freud: Charcot.

Charcot había sido el primero en interesarse por la histeria desde el punto de vista clínico, dignificando su estudio y llegando a conclusiones entonces tan revolucionarias como que la histeria podía afectar también a varones. Como diría un adolescente, Freud flipó con lo que vio en la Salpêtrière.

Charcot hacía pasar a los enfermos ante sus discípulos sin mayor preámbulo. Los síntomas de la histeria eran espectaculares, desde convulsiones espantosas hasta parálisis de miembros completos. Lo peculiar del asunto era que los pacientes no parecían sufrir daño orgánico alguno (por eso la medicina seria no los consideraba auténticos dolientes, sino una especie de pérfidos actores).

En tales sesiones, Freud y condiscípulos contemplaron, asombrados, como el mago Charcot era capaz de curar a través de la palabra tras haber hipnotizado al enfermo. Freud concluyó que la histeria era producida por factores psíquicos, digamos que por un afecto ligado a un recuerdo que posteriormente se olvidaba y que se manifestaba de forma somática (una cojera, un dolor de pecho, etc).

La hipnosis parecía ser, he aquí lo interesante, la única manera de recuperar el recuerdo. La hipnosis suponía, pues, un camino para adentrarse por desconocidos terrenos de ignotas regiones de la conciencia. Freud caviló mucho sobre el tema y tuvo la suerte de poder acercarse todavía más a los fenómenos hipnóticos cuando pasó una temporada en Nancy.

Allí, Liébault y Berheim curaban por sugestión, por el recurso al hipnotismo. Definitivamente, Freud ve confirmarse la tesis de que la hipnosis no revelaba sino la (posible) existencia de poderosos procesos anímicos que permanecerían ocultos a la conciencia.

Como es sabido, Freud pasa por ser el gran descubridor del inconsciente (no confundir con el mero subconsciente, noció manida al menos desde el romanticismo). En el ínterin, la hipnosis le dio la clave…aunque sólo durante algún tiempo. Ahora bien, utilizándola con sus primeras pacientes, el vienés descubrió pronto las limitaciones terapéuticas del hipnotismo.

En el hipnotizado hablaba el preconsciente y hasta el inconsciente. Sin embargo, sólo en tanto que la conciencia , en mayor o menor medida, se retiraba: no había conflicto. El paciente daba con aquel recuerdo olvidado, pero no se curaba. Freud observó que el enfermo pasaba por grandes dificultades cuando se lo invitaba a hablar libremente acerca de los sucesos que pensaba podrían estar en el origen de sus síntomas.

Dificultades que basculaban entre curiosos silencios hasta muestras de enfado y hasta de dolor. En otras palabras, se hacía visible una resistencia que, sin embargo, la hipnosis ocultaba. Freud haría de esa resistencia el fundamento de su terapia. Y así sustituyó la hipnosis por la célebre asociación libre…pero esa es, amigos, otra historia.

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