Los orígenes de la fotografía: Niepce y Daguerre

El fenómeno de la cámara oscura se conoce desde hace muchos siglos. Una cámara oscura no es más que una caja cerrada en una de cuyas paredes existe un orificio de manera que en lado opuesto (pronto convertido en placa de vidrio) se proyectan las imágenes de los objetos exteriores.

El problema era fijar o ‘eternizar’ tales imágenes. Lo curioso es que la tradición alquimista (que no deja de representar la prehistoria, un tanto alocada y llena de exóticas figuras, de la química moderna) conocía el efecto de la luz sobre el cloruro de plata fundido (conocido como plata córnea). En realidad, faltaba tan sólo asociar ambos fenómenos para que la fotografía fuese posible.

El primer intento serio de capturar las imágenes se debe a un francés, Nicéphore Niepce (1765-1833). De hecho, Niepce logró, en los años 20 del siglo XIX, fotografiar por primera vez objetos físicos utilizando una cámara oscura y recurriendo a una sustancia, el betún de Judea, como capa sensible. El betún de Judea se vuelve insoluble a la exposición de la luz, por lo que, al aplicar un solvente sobre la placa, permanecía solamente en las zonas golpeadas por los rayos luminosos.

Con esta técnica, pesada y lenta, Niepce obtuvo las que pasan por ser primeras fotografías de la historia, de pésima calidad. Pero el sueño de eternizar el movimiento estaría mucho más cerca merced a la colaboración del mismo Niepce con otro francés, físico y pintor: Louis Jacques Mandé Daguerre. Niepce se murió en 1833 y a partir de entonces Daguerre trabajó solo. Apenas dos años más tarde, en 1835, un descubrimiento, entre buscado y casual, simplificó sus esfuerzos.

Ocurrió que una tarde dejó una placa impresa con una imagen latente en un armario en el que guardaba varios productos químicos. Previamente Daguerre ya había considerado que lo mejor sería obtener una imagen débil ( llamada imagen latente) con la cámara oscura, reforzada ulteriormente con alguna sustancia química.

Pero ¿qué sustancia serviría? Eso no lo sabía Daguerre. Al día siguiente de haber dejado la placa, sin embargo, descubrió que la imagen aparecía nítida. Repitió el proceso varias veces sacando antes alguno de los frascos con productos químicos. Resultó que la imagen latente se volvía fuerte y clara de cada vez…excepto cuando la sustancia sacada del armario fue uno que contenía mercurio. Ergo, se trataba de los vapores del mercurio los que fijaban la imagen en la plata.

Poco después Daguerre alcanzaba su ansiado sueño. Fue en 1838, fecha de los primeros daguerrotipos como tales. Un daguerrotipo es precisamente una imagen, una fotografía, obtenida mediante la técnica de la daguerrotipia, que debe su nombre a su inventor.

Presentó su invento, una técnica para “pintar con luz” según sus palabras (de ahí que se llamase “foto-grafía”) en la Academia Francesa de las Ciencias, en medio de un gran interés científico y artístico. No en vano, Paul Delaroche, pintor de la época, ante el invento de Daguerre exclamó: “¡La pintura ha muerto!”.

Rotundo Juicio muy similar, por cierto, al aplicado sobre la propia fotografía medio siglo más tarde, con la aparición de la cámara cinematográfica. Esta claro que si algo no falta en este mundo son sepultureros ni profetas de las catástrofes.

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