¿Qué es el hábeas corpus?

No sé si nuestros lectores leen la prensa. La verdad, yo mismo lo tengo por hábito poco saludable y no se lo recomendaría a mis amigos. Hay vicios más placenteros y menos dañinos para el hígado o los pulmones, como el alcohol y el tabaco. En cualquier caso, hay una forma de leer los periódicos distinta al usar y tirar o al usar y guardar hasta la próxima vez que vayamos a pintar el cuarto de los niños.

Es la opción de guardar (unos años) y descubrir cómo cambia el mundo incluso en aquello mismo que, se diría, se mantiene imperturbable e inasequible al desaliento. Pues la prensa parece que no hace sino suministrarnos el pan viejo de cada día: catástrofe en la India (o Haití, o Sudán, etc), conflicto palestino, fracaso en el Mundial de fútbol y en Eurovisión, guerra y hambre para el pobre, siliconas e implantes para los/las ricos/ricas…

Pero, siendo las noticias prácticamente las mismas, el tono narrativo se transforma. Estos días pude revisar una colección de periódicos del primer lustro de siglo. Y me topé con detalles preciosos. Por ejemplo, el amplio uso que en las secciones de Internacional se hacía de la expresión hábeas corpus. Y la gata que desde hace semanas vive conmigo, que es muy inteligente, no pudo evitar preguntarme: ¿qué es el hábeas corpus?

Hábeas corpus: esto es latín, quién lo dudaría. Otrosí, latín accesible a cualquier estudiante de ciencias: una forma en subjuntivo de un verbo tan importante como el haber/tener acompañada del sustantivo cuerpo. O sea que en una primera y burda aproximación ya podría traducirse como “tengas cuerpo”. Pero, en verdad, la traducción no es lo que nos interesa.

Aunque la expresión sea latina, lo cierto es que su origen es más bien anglosajón. Y como los textos donde más se prodiga la frasecita (amén de las páginas de Internacional del primer lustro de nuestra década….pero tal cosa no deja de ser una anomalía que explicaremos luego) son los textos del ámbito de la jurisprudencia y del derecho, cabe concluir que el hábeas corpus penetra en nuestro vocabulario a través del derecho anglosajón.

Ahora bien, ¿qué es el hábeas corpus? ¿Un derecho? ¿Un derecho universal que por lo tanto se inscribe en ese discurso de los derechos del hombre que desde hace dos siglos recogen la mayoría de constituciones democráticas de nuestro entorno?

Bueno, lo cierto es que no es exactamente así, al menos históricamente. El hábeas corpus es un procedimiento, o si queréis una institución, o tal vez un mecanismo, o incluso por qué no un constructo, siempre que adjetivemos a tales sustantivos con el término jurídico: un procedimiento jurídico, una institución jurídica, un mecanismo jurídico, un constructo jurídico…que tutela unos ciertos bienes a su vez jurídicos.

Surge originalmente en el “derecho” anglosajón de finales de la Edad Media, siglo XIII, en respuesta a la necesidad de garantizar la inviolabilidad última de las personas, la libertad del súbdito para existir sin la sumisión a vejaciones arbitrarias por parte de la autoridad o incluso del mismo soberano. Este no puede disponer arbitrariamente del cuerpo de los hombres. Cuando eso sucede, el súbdito se acoge al Hábeas Corpus.

En otras palabras, el Hábeas Corpus intenta garantizar la transparencia, comunicabilidad y objetividad de un proceso penal. Hace posible el propio proceso porque de no existir, las autoridades podrían detener a un sospechoso sin aducir cargos, secuestrándolo de hecho, manteniéndolo incomunicado, sin saber a ciencia cierta quién lo acusa de qué (como le ocurre a Josef K en El Proceso, de Kafka).

Por lo tanto el Hábeas Corpus no pertenece desde el inicio a ese discurso moderno de los derechos humanos, sino que es muy anterior, de hecho estará vigente muchos siglos antes de que pueda hablarse de sociedades democráticas (en las que tiene sentido el discurso de los derechos). Es decir, son dos fórmulas que vendrán a coincidir en el futuro y la irrupción de una retórica de los Derechos del Hombre vendrá a representar una especie de apoteosis moderna del Hábeas corpus pero los orígenes son distintos. Tampoco es de extrañar que hubiese cristalizado en Gran Bretaña, estado que por otra parte a día de hoy no posee una constitución como tal.

La pregunta final es: ¿cómo un procedimiento de más de 800 años, supuestamente ya inamovible, conquista jurídico-social asentada y fundamental para el ordenamiento de nuestras sociedades, acabó por ponerse en cuestión hace apenas unos años (hoy todavía)? En efecto, el fetichismo de entonces (la lucha contra el terrorismo) llevó a adoptar decisiones que atentaban contra la esencia misma del Hábeas corpus. Nuevamente nos preguntamos: ¿quién ganó con todo ese miedo inyectado en el cuerpo social? ¿Y quién perdió? La justicia.

Foto vía: bendib

Print Friendly, PDF & Email

Tags:





1 comentario

  1. valentina dice:

    gracias encontre lo q necesitaba pero muy poca informacion

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Top