¿De dónde proceden los virus?

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¿Cuál es el origen de los virus? Esta pregunta trae de cabeza a los microbiólogos desde hace casi cien años. Ya que los virus son “cosas” que por sí mismas son incapaces de reproducirse, una teoría usual ve en ellos parásitos que, con el paso del tiempo, han llegado a “olvidar” la manera de reproducirse.

Lo cual nos lleva a otra cuestión importante de la virología: si no pueden reproducirse motu proprio, ¿un virus está “vivo” o no lo está? Dependerá del significado que le demos a la expresión estar vivo. En todo caso, los virus pululan por esa región ambigua que media entre materia orgánica e inorgánica.

En efecto, podemos considerar un virus como el caso más conseguido, más complejo y complicado de materia no viva, de materia inorgánica. O podemos, si somos benévolos, ver en él el ejemplo más simple de materia viva.

Porque la constitución de un virus no es más que la formada por un núcleo de ARN o de ADN y un revestimiento de proteína. Sencillo, ¿no? Tan sencillo como para estar entre los más pequeños “organismos”. El diámetro de un virus ‘normal’ no sobrepasa el millar de átomos. Aunque, entre la gran variedad de virus conocidos, algunos son mucho más grandes: más grandes incluso que una célula (pequeña).

Decíamos que un virus es aquello que ha perdido la capacidad para reproducirse por sí mismo. Esto es, se reproduce utilizando los mecanismos de una célula. ¿Cómo penetra el virus en la célula? Se sirve de su cubierta proteica, que es “reconocida” por la célula que de ese modo, ingiere todo el virus.

Una vez en el interior celular, el revestimiento proteico del virus de disuelve: por así decir, ahora el ADN o ARN del virus campa a sus anchas, desviando algunas de las operaciones químicas de la célula hacia el objetivo de producir material codificado para el ácido nucleico vírico.

Y no solo el ADN o ARN, sino que la maquinaria celular también se ocupa de crear la envoltura de proteína para cada nuevo virus creado. Después de cierto número de reproducciones la célula estalla: ya no uno, sino que varios/muchos virus quedan libres para infectar nuevas células.

Desgraciadamente los antibióticos no suelen ser de mucha ayuda para combatir un virus (ojo: no todos los virus causan enfermedades). Una sustancia antibiótica es una sustancia química que se cuela en el interior celular para, oh traición, matar a la célula. Pero un virus no es una célula: por eso este método no sirve normalmente con él.

Y así un resfriado no se cura con una pastilla, mientras que, en principio, una neumonía sí. El primero es causado por un virus, el segundo por una bacteria. De todas formas, también hay que reconocer que en los últimos años el desarrollo en antivirales ha sido muy notable.

Foto vía:portalplanetasedna

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1 comentario

  1. Anayansi Acosta dice:

    Pero aun pregunto de donde salen, donde existen antes de entrar en una célula

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