El Metilmercaptano y sus malos olores

metilmercaptano

Pocas cosas más desagradables te puedes encontrar que una persona con mal aliento. En la terminología médica, este cuadro lleva el nombre de Halitosis, y por lo general se lo relaciona con problemas digestivos o de mal estado de la dentadura. Lo curioso es que todas las personas, en mayor o menor medida, sufren de halitosis, y muchas veces uno mismo no se lo siente porque los órganos receptores de las moléculas que lo generan se saturan y se acostumbran.

Desde el punto de vista químico, el mal aliento se produce por la presencia de una sustancia gaseosa llamada metilmercaptano. Las bacterias propias de la boca descomponen proteínas y liberan aminoácidos que contienen azufre, a su vez, el azufre da lugar a la generación del metilmercaptano, que nace de la descomposición.

También hay otros motivos, por ejemplo, la presencia de sulfuro de hidrógeno, comúnmente detectado en los procesos de putrefacción, y del sulfuro de dimetilo, que también se encuentra en alimentos de consumo cotidiano como el café molido.

Los especialistas explican que la mejor forma de eliminar el metilmercaptano de la boca es practicando una limpieza periódica, pero muchas no es suficiente ya que sólo es una solución parcial y a corto plazo. Lo más recomendable es utilizar dentífricos que contengan cinc, de este modo se intervienen las enzimas de las bacterias generadoras.

Pero no todas son malas noticias para el metilmercaptano, a nivel industrial se utiliza para fabricar insecticidas y para refinar petróleo. Curiosamente, su uso más común tiene que ver con su capacidad de generar un olor desagradable: a nivel mundial se agrega al gas de uso hogareño, tanto en la red general como en el gas envasado. El punto es que huele de un modo tan particular que sirve de ayuda para detectar cualquier tipo de fuga.

Otro lugar del cuerpo donde se concentra el metilmercaptano son los pies. El clásico “olor a pata” no es otra cosa que la presencia de este gas desagradable, casi siempre encapsulado en el calzado por falta de ventilación o higiene.

Para estos casos hay dos posibles soluciones. La primera, y la más evidente, lavarse con agua y jabón. La segunda, un pequeño secreto, es guardar un pequeño trocito de carbón vegetal adentro de los zapatos. Esto sirve para absorber las moléculas del gas e impedir que se propaguen al aire.

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1 comentario

  1. amasifen dice:

    muy buena la informacion…

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