La guillotina, un diseño francés

Guillotina

En todas épocas hubo ejecuciones, las penas de muerte eran moneda corriente y se llevaban a cabo con un salvajismo inusitado. Se consumaban a pedradas, golpes de hacha o espada, o directamente se empujaba a los condenados por barrancos o acantilados. En pleno siglo XVIII, alguien tuvo la idea de buscar un mecanismo que evite sufrimientos. Entonces apareció la guillotina.

El aparto en sí ya se utilizaba en Alemania, Escocia, Inglaterra e Italia desde el 1500, pero fue el cirujano francés Joseph Ignace Guillotin, diputado en la Asamblea Nacional, quien abogó para que mejore su funcionamiento, y de este modo hacer más efectivas y veloces las decapitaciones. Habló cientos de veces en el parlamento hasta que logró elevar el proyecto.

En 1789, Guillotin le encargó al secretario de la Academia de Cirugía, el Dr. Antoine Louis, que diseñara una máquina basada en las ya existentes. El luthier de clavicordios Tobias Schmidt, asesorado el verdugo de París Charles-Henri Sanson, se hizo cargo del trabajo, que estuvo listo para mediados de 1972. Primero lo probaron con animales, luego con cadáveres. Cuentan los historiadores que el único problema que tenía el diseño original era la cuchilla, la habían fabricado recta, lo cual entorpecía severamente el corte. Luego de varias pruebas, decidieron usar una con forma oblicua.

La Asamblea Nacional comenzó a utilizar la guillotina para todos los condenados, sin distinciones jerárquicas, especialmente durante el desarrollo de la denominada Revolución francesa.

Aunque parezca mentira, la guillotina siguió utilizándose en Francia hasta el 10 de septiembre de 1977. El último decapitado fue el tunecino Hamida Djandoubi, sentenciado por cometer un asesinato. Fue uno de los últimos países en suspenderla. En Suecia dejó de utilizarse en 1910, en Bélgica en 1918, en Alemania Federal en 1949 y en la antigua República Democrática de Alemania en 1969.

Hubo un solo intento de recuperar esta forma cruel de condena. En 1996, el legislador demócrata estadounidense Doug Teper, representante del Estado de Georgia, elevó un proyecto para que se suplante la silla eléctrica por la guillotina. Según argumentó, era más rápida, más efectiva y permitía que los órganos del condenado puedan ser donados a quien los necesite. La propuesta fue rechazada de inmediato. Obviamente, la noticia tuvo enorme repercusión en los medios de comunicación de todo el mundo.

Actualmente, hay más de 25 países que todavía practican la Pena capital. Es un dato realmente curioso, porque además de arrastrar serias contradicciones legales, jurídicas y filosóficas, está comprobado desde el punto de vista social que aplicar la pena de muerte no arroja ningún resultado positivo. Muy por el contrario.

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