Síndromes con nombres curiosos

Huckleberry Finn

Muchos trastornos, tanto mentales como físicos, además de suponer un serio problema, también toman sus nombres o apellidos de las primeras personas que los padecen o al menos, en quienes primero se detecte. Pero es mucho más frecuente que se le ponga el nombre del médico que la descubre oficialmente.

Por poner algunos ejemplos podemos mencionar: el síndrome de Marfan, descubierta por Antoine Marfan, cuyos afectados presentan una extrema longitud en los miembros y problemas en el tejido conectivo de los músculos; el Alzheimer, tan destructivo para el cerebro humano, por el doctor Alois Alzheimer; o el extraño síndrome de Capgras, descubierto por el doctor Jean Marie Joseph Capgras y que consiste en una desconexión entre la memoria visual y la afectiva, impidiendo a quien la padece reconocer a sus amigos o familiares, dando la impresión de que se trata de impostores.

Pero también existen trastornos y enfermedades que llevan nombres de personajes de ficción, y aunque sus síntomas no sean cosa de risa, quedan al menos como curiosidad.

– Se dice que padecen el síndrome de Alicia en el País de las Maravillas aquellas personas que muestran problemas para percibir el tamaño real de las cosas, así como la verdadera imagen de su propio cuerpo. También puede ir acompañado de percepción errónea de los colores y dificultades para reconocer la cara de personas conocidas. Hay quienes piensan que el creador de Alicia, Lewis Carroll, pudo padecer de este síndrome, lo que explicaría en parte las extrañas aventuras de su protagonista.

– El síndrome de Rapunzel, llamado así en relación a las largas coletas que tenía la rubia joven del cuento de los hermanos Grimm, es una consecuencia de otro trastorno llamado tricofagia, que consiste en el hábito compulsivo de comer cabello, más frecuente entre niñas y adolescentes. Esto puede traer como consecuencia el síndrome de Rapunzel, que no es otra cosa que la formación de una larga cola de pelo entre el estómago y el intestino.

– El síndrome de Huckleberry Finn es una negativa constante de un adulto a asumir responsabilidades, tanto en el ámbito laboral como en el afectivo. Esto puede acarrear cambios muy frecuentes de empleo y constantes problemas emocionales. Se suele dar en personas inteligentes que sufren carencias de autoestima o de carácter depresivo.

– El Síndrome de Otelo es la expresión máxima de la desconfianza en la pareja, en referencia al celoso personaje de Shakespeare obsesionado con la fidelidad de su deseada Desdémona. Quienes padecen de este trastorno están completamente seguros de que su pareja es infiel, aunque no haya prueba de ello o exista la más mínima razón para sospechar de ello.

– El síndrome de Madame Bovary trae consigo dos factores diferentes. El afectado tiende a ver el mundo de una forma excesivamente idealizada para, a continuación, verla demolida por la realidad, que nunca cumple sus espectativas. Esta continua rueda entre ideales y realidad crea una insatisfacción crónica en quienes padecen de «bovarismo».

– El síndrome de Pollyanna es la sublimación del optimismo, e implica que quienes lo sufren son incapaces de ver el lado malo de las cosas, descartando parte de la realidad. Quienes lo sufren pueden ser descritos como los «optimistas definitivos», lo cual no siempre es positivo.

– Quizá el más conocido de todos sea el síndrome de Peter Pan, también llamado «el niño que nunca crece». Aquí se dan, además de la falta de voluntad para asumir responsabilidades de adulto, la manipulación, el narcisismo y la negación del envejecimiento o el miedo a no ser queridos o aceptados, entre otros muchos síntomas.

– Síndrome de Wendy, también en relación al cuento de Peter Pan, se manifiesta como una necesidad compulsiva de agradar a los demás, por miedo al rechazo o incluso al abandono por parte de sus seres queridos.

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