Olas gigantes, titanes errantes del océano

Olas gigantes

La peligrosidad de las olas gigantes

La fuerza de los océanos se hace patente cuando contemplamos las olas gigantes que surgen de entre el resto durante las tormentas en alta mar, auténticas murallas de agua que superan con creces (hasta el doble de tamaño) a las olas que las acompañan. Su mayor peligro es que parecen llegar sin previo aviso, pudiendo llegar hasta los 30 metros de altura en los casos más extremos registrados.

Por supuesto, hablamos estrictamente de olas y dejamos de lado los tsunamis, cuya potencia, tamaño y capacidad de devastación no tienen punto de comparación con las olas más grandes.

Este tipo de olas también reciben la denominación de «olas vagabundas», debido a que nacen de forma impredecible sin importar el estado de las aguas o la ausencia de movimientos de tierra submarinos, teniendo su origen en otro tipo de fenómenos naturales aparte de las mareas, el viento y los terremotos.

¿Se puede predecir este tipo de ola?

Debido a la dificultad para predecirlas, las suponen un peligro potencial para los barcos y plataformas de extracción petrolífera en alta mar, aunque afortunadamente no se dan con demasiada frecuencia. Fue precisamente desde una de estas plataformas desde donde se midió la mayor ola registrada hasta la fecha, con 30 metros de altura, mucho más altas que las olas «normales» durante las tormentas que alcanzan entre los 7 y los 15 metros de altura.

¿Es frecuente que se produzcan olas gigantes?

Gracias a la observación mediante satélites, se ha podido comprobar que estas olas gigantes son mucho más frecuentes de lo que se creía, y que se dan en todos los océanos del mundo y en cualquier estación del año, dándose incluso en mares como el Caspio o los más grandes entre los lagos canadienses.

¿Cómo se producen las olas gigantes?

Aunque sus causas exactas aún son un misterio, sí que se sabe que debe haber una relación entre corrientes que se mueven en direcciones opuestas, pero también puede tener que ver la morfología del suelo marino o bien a un encadenamiento de olas cuya fuerza se va sumando paulatinamente.

El viento, aunque no es parte imprescindible para su creación, sí que puede potenciar en gran medida la fuerza destructiva de esos gigantes del mar.

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